La casa de mi abuela…

huele a manzanilla en conversión hacia miel, miel de flores, con notitas de polvo y la colonia de mi abuelo aún colada por los poros del papel pintado de la habitación, cuyo techo se cubre de los ramos de las flores diminutas que mi abuela hervirá para enjuagar su pelo blanco brillante; su pelo brilla más que cualquier otra cosa de su casa, ya que la casa lleva muchos años sin sacar su brillo, no lo necesita, es un fondo y su propósito es acumular recuerdos, estancar en comodidad, ser reconocible, cómoda, usable durante cincuenta años seguidos, saber dónde dejaste ese lápiz verde del almacén y encontrarlo siempre en el mismo lugar, no sé siquiera si le habrán sacado punta alguna vez, poco apunte se hace en una casa donde todo es un recuerdo.