El señor arquitecto

El señor arquitecto ha salido a pasear. Lleva sombrero, bastón y traje de domingo. Aunque es jueves. El cielo tiene un color gris velado. El termómetro marca siete grados. La zancada del señor arquitecto mide ochenta y tres centímetros. Son las diez de la mañana en punto.

El señor arquitecto se encuentra con una valla que corta el paseo marítimo. Detrás de la valla, un obrero manipula un martillo hidráulico. Noventa y cinco decibelios de estruendo y polvo. Todos los días, el señor arquitecto recorre tres veces el paseo marítimo. Caminar fortalece los huesos y previene la diabetes tipo dos. La brisa del mar regula la presión arterial. El señor arquitecto es muy viejo ya y sabe muchas cosas. Y sin embargo, hoy el paseo está cortado y el señor arquitecto se ve obligado a tomar una decisión. Desciende los seis escalones del paseo marítimo y baja a la playa. Los zapatos se le hunden en la arena. El mar se ve callado, luce el mismo tono apagado que el cielo.

Al principio, el señor arquitecto prueba a andar en línea paralela al paseo marítimo. Pero los noventa y cinco decibelios del martillo hidráulico le obligan a desviarse treinta grados hacia el mar. Un poco de arena se le escurre dentro del zapato. El señor arquitecto piensa que lo mejor es descalzarse. Se sienta sobre una roca, que el mar aún no ha tocado hoy. Faltan meses y días para que vuelva el verano con sus hamacas encadenadas. El señor arquitecto se desata el doble nudo de sus zapatos y se los quita. Fuera también los calcetines. Se arremanga el pantalón del traje de domingo. Cuando vuelve a apoyar los pies, siente la individualidad de cada grano de arena.

Andar descalzo sobre la arena es buenísimo para activar la circulación venosa y linfática. Previene varices y problemas circulatorios. Si se levantan bien las piernas en cada zancada, se fortalece la musculatura de piernas y glúteos.

Olas suaves como arrugas de mantel. El señor arquitecto pasea junto al mar, se fija en las burbujas que petardean después de cada ola. A lo lejos, en el cielo, se abre un hueco de azul. Como agujerear una sábana y mirar a través. La playa está desierta. El señor arquitecto siente que acaba de descubrir algo que él no sabía.

El señor arquitecto es viejo y sabe muchas cosas.