Horario guardería / 21

La vida de una familia se define por el paragüero. No tanto por el accesorio mismo, que sería relevante para otro tipo de curiosidad, como la del gusto o entendimiento de un diseño funcional, sino por su contenido. El nuestro es un paralelepípedo rectangular, situado verticalmente como le corresponde por lógica a un recipiente que está hecho para sujetar objetos tipo palo con volantes. Tiene un platito cuadrado en su parte inferior que descubrí con retardos 4 años después de haberlo usado, ya que vino con la casa y las cosas que vienen con la casa uno acoge sin cuestionar. Desde que sé de su existencia suelo repasar ese cuadrado con cierta frecuencia y siempre me responde con una cara a secas como diciendo —¿qué buscas aquí?, que nunca se asoman las lágrimas pluviales hasta mi piel propensa a la corrosión—. Y tiene razón, los paraguas mojados primero pasan a la sala del secado, esa que está cubierta de superficies impermeables de cerámica y metacrilato, y suele llamarse el baño. Al cuadrado del fondo de nuestro paragüero solo le llegan las puntas ya secas de los palos de los que iba a hablar.

En el borde superior le he puesto un pendiente, un colgador que me quedó demasiado estrecho para colgarlo en la puerta. En el paragüero me sirve de maravilla para colgar los paraguas pequeños, de esos que se pliegan en tres partes y desaparecen en un bolsillo de pantalones cargo esos de los que no tengo ninguno ni pretendo tener o una chaqueta de hombre; me entra también en el totebag, dándole forma de bolso a un trapo de tela con asas.

Y dentro, que es donde está la esencia de la casa, se colocan los palos: paraguas robados de hoteles frecuentados por una relación laboral, paraguas de dinosaurios transparente con borde verde por resistir, en primera instancia, al rosa que iba a llegar y llegó cuando el paraguas de dinosaurios quedó en olvido y obsoleto, otro transparente pero con mymelody esta vez y rosa que compramos de camino a casa cuando empezó a llover de tal manera que era imposible no resguardarnos en la única tienda de paso abierta un domingo a la tarde y donde, de paso, venden paraguas con mymelody tamaño infantil, un paraguas con el logo impreso de la institución que me redefinió como profesional, que no he usado de paraguas pero que ya cuenta con costillas rotas por haberlo usado de barco en una de esas cuando paraguas no es paraguas sino cualquier otra cosa, un paraguas verde agua bien bonito que compré en un chino cuando con tal de pensar que ya parará no iba a parar, a ver cuánto me dura de durar o de olvidar en algún paragüero ajeno, una escoba de bruja de halloween que compramos en marzo pasado y muchos palos sin volantes de tela hidrófuga por ser unos simples palos de madera de verdad que a su día cayeron del árbol y aparecieron en nuestro camino. Tesoro absoluto y perdurarán más tiempo en el paragüero que cualquiera de los paraguas.

Para llegar a la conclusión definitiva sobre el estado vital de una familia analizando el paragüero descrito, consultar con expertos en tal observación. Yo he lanzado la suposición con la simple excusa que me pareció atractiva y me dio para teclear. Hoy, como mucho, se usará el palo de higuera para dibujar una cara sonriente en la zona de arena mojada de la playa después de llover. Saldremos sin paraguas alguno y tal vez hará falta sumar.