Horario guardería / 17

Gano mi sustento de vida haciendo cine. O al menos es como me gustaría responder en una reunión de padres de la ikastola, cuando, tras 4 años de compartir pasillos y el parque de al lado, quejas por huelgas, disculpas por mordiscos, intercambios de jerseys y piojos, se nos hubiera ocurrido presentarnos de la manera más básica social existente: hola, me llamo Laura, soy productora de cine. No ha ocurrido aún. Cada vez me interesa menos, tal vez incluso me interesa más que no lo sepan ni querer saberlo. Que un día me vean instalando torres de micrófonos en la plaza, en mitad de la actuación de la Tamborrada, y se les caiga la idea de que soy una traductora de idiomas raros de allá por el nordeste. Para empezar, ni sé cómo se llaman la mayoría de las madres y padres de los niños que comparten clase con mi hija. No me enorgullece, no me gusta no saberlo, pero no puedo saberlo si no nos (o no se) han presentado, si no hemos tenido la ocasión. Intuyo, interpreto, proyecto. Esos mismos castillos que se derrumbarán cuando, por casualidad o por el algoritmo telepático, dé con sus ficheros en las redes sociales o LinkedIn, que al final es lo mismo, aunque presuma de traje.

Ocurrió en la clase de euskera. La presentación. En la primera llegamos a los nombres y pasamos a hablar del tiempo. En la segunda profundizamos en los hábitos de desayuno, los de ahora —quórum completo de cafés con leche, ¿no desayunamos por pereza de levantarnos dos horas antes?— y los de la infancia, subiendo al pódium casi al unísono ColaCao con galletas. Mi té y rebanada de pan con queso quedaban tan tristes que sumé un par de huevos duros. Las tortitas mi madre las hacía para cenar. Por la pereza de levantarse dos horas antes. Llegó la tercera con las profesiones —tacháaaaan—, mi turno. Kaixo, ni Laura naiz, zine ekoizlea naiz. Caras de interrogantes, caras que se quedan con “zine” y no sobrepasan lo otro. Caras que no saben “ekoizlea” y caras que “producción” entienden como hacer producto. ¿Es lo mismo? ¿Es el cine una fábrica de cosas? ¿Es una película una cosa? ¿Ser cosa es malo? Y si no, ¿por qué suena como tal?

Fue un instante, ocurrido esta tarde, lo que me hizo pensar en cuánto nos hemos desconocido como sociedad, confiando en que no solo me pasa a mí, que reconozco que no ando con mis laureles pegados en el pecho. Aun viniendo de un país con fama de gente cerrada y de vínculo corto, crecí conociendo a mis vecinos y tocando su timbre cuando nos faltaba una pizca de sal. No tenía que saber más de ellos, porque eran adultos y yo una niña, y en aquel entonces se separaban los mundos a temprana edad. Con el paso del tiempo, creo que han ido cayendo las jerarquías y cabezas que marcan el tono. Es normal que un niño llame a su profe por el nombre, le diga tú, le gaste una broma. Es normal que los padres se dejen pintar las caras y llevar un tutú con brillibrillis, si es así como les ha pedido “la que manda”. Podría seguir, pero llegaría demasiado lejos del instante, que más tiene que ver con lo otro, lo que hemos perdido: el de conocer a quien vive al lado o comparte un tiempo y un lugar.

Ocurrió al intentar meter la bicicleta por el portal pesado entrecerrando. Perdona, ¿vives aquí? Sí. ¿Sabrías decirme si hay algún parking de bicis aquí cerca? Es que acabo de mudarme aquí al lado (4 portales es la distancia exacta de “al lado”) y, vamos a ser vecinas, encantada, me llamo Paz. Laura, bienvenida, nosotros tenemos espacio en el sótano, pero en el parking…

¿De verdad pasó lo que pasó y por la simple conversación de lo, presuntamente, sencilla y normal que fue no me la pude quitar de la cabeza y decidí que hasta hace falta reproducirla aquí? No fue nada raro, nada del otro mundo, pero al mismo tiempo tan no de este mundo que me hizo desarrollar una especie de deseo de conocer más y mejor a la gente que reconozco en mis caminos cotidianos. No voy a pedirles la sal, pero un poco de contexto quizás para situarlos bien en mi mapa, donde ya trazaban su ruta, donde tenían su papel asignado con el traje postizo de paso.

(Hola, soy Laura), pues yo soy productora de cine, o al menos intento hacer que me conozcan como tal. No, hasta ahora hemos tenido suerte. Parece que a los piojos no les va tanto el pelo rubio del nordeste.