he perdido un recuerdo. lo único que recuerdo de mi recuerdo es que no lo recuerdo. y eso que por la mañana, apenas me despertaba, ya lo tenía por la cabeza dando bandazos. y se mantenía ahí hasta la noche, sin dejarme ni parar para dormir. ahora no sé si merecía la pena tener este molesto inquilino o si he tenido suerte. pero me da rabia. tanto dar la lata y ahora, sin más, desaparece. lo he buscado mucho rato. bueno, no tanto como buscaría a un amigo, una flor del helecho o el sentido de la vida. pero bastante mucho. incluso he revisado fotos de las que antes se imprimían en papel brillante y contaban historias corriendo de mano en mano. que tardaban en nacer, porque nacían tres veces: al sacar, al revelar y al fijar en un papel mágico los milisegundos que al instante se convirtieron en recuerdos eternos. se llenaba todo el carrete de cosas nuevas, como salidas de fábrica: el primer desnudo, primer concierto, el primer vestido comprado en una tienda, primer viaje al extranjero (varios carretes), primer novio, primer cumpleaños sin tarta y velas. también se dejaba bien constancia del primero y el último a la vez, como los entierros y los bautizos, el primer día en el cole y el primer acto de graduación. creo que por esto tenían tanto éxito. ay, y casi todo el mundo con sobrepeso, sin que se les note ni pizca de culpabilidad.
después de revisar mi pasado en imágenes, puedo asegurar que no está. ni en una cara, ni cuerpo, ni paisaje, ni en una bici; en ninguna foto he encontrado el recuerdo. con las palabras no quiero probar, que me las conozco. cuando necesito alguna, se atrinchera en la punta de la lengua y pueden pasar horas, incluso días, hasta que se decide a salir.
¿no será que mi recuerdo se ha muerto? es una manera de hablar. no sé cuál será la expresión técnica para certificar que un recuerdo se ha esfumado. cada vez estoy más convencida. se ha ido porque ya ha tenido bastante de estar por mi cabeza. los años le han pesado y se ha largado al limbo donde van los recuerdos, las ideas, los pensamientos y todo este batiburrillo que hay en mis neuronas. y me ocurre como con las personas, que cuando desaparecen de mi vida, es cuando más las echo de menos.